Un día que no había colegio, Marina iba a venir a casa a pasar el rato, pero ella no recordaba mi dirección. Así que decidió mandarme un mensaje de forma graciosa que decía:
"Hola conejito, ¿dónde está tu madriguera?"
Pero yo nunca recibí ese mensaje.
Más tarde, recibí otro mensaje de Marina que ponía:
"Laura, en serio, que no me acuerdo donde vives"
El mensaje me pareció un poco extraño. Le respondí diciéndole mi dirección y cuando Marina llegó a mi casa, estaba muerta de vergüenza.
Me contó lo que había pasado con el primer mensaje. Lo que pasó es que Marina, como siempre, estaba pensando en lo que no debía, y le había mandado el mensaje al chico que le gustaba. (he aquí en lo que estaba pensando).
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